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PROYECTO CURATORIAL
ARIEL GUZIK
ITALA SCHMELZ
EX IGLESIA DE SAN LORENZO
CRÉDITOS
PRENSA

nierikaac
La antigua iglesia de San Lorenzo, sede del Pabellón Mexicano para la 55 Exposición Internacional de Arte - La Biennale di Venezia, es una construcción que aún da cuenta de su precedente grandeza. Vale la pena que el proyecto artístico que ahí se desarrolle actúe de manera activa ante un escenario que apela a una apreciación estética, por lo que la propuesta curatorial consistió en llevar a cabo un diálogo sonoro con el espacio. Cordiox, de Ariel Guzik, es una compleja máquina que describe sonoramente el entorno donde se ubica, propagando una cadencia tonal cristalina, sutil y expansiva, que propicia una experiencia de escucha excepcional.

Con esta máquina de cuatro metros de altura, el artista ha logrado una importante síntesis de elementos y sencillez funcional. Este diseño tiene tras de sí tres décadas de investigación y estudio, por lo que no es una mera representación, sino el resultado de un perfeccionamiento de laboratorio, con la solidez de una amplia experimentación.

El centro es un cilindro de cuarzo finísimo, único en el mundo (45 cm. de diámetro y 180 cm. de altura) manufacturado ex profeso en Alemania por una empresa especializada. El instrumento está formado por largas y tensas cuerdas a semejanza de los instrumentos musicales. Todo tipo de vibraciones, empatías y energías del ambiente son susceptibles de ser capturadas por su sutil mecanismo que transforma la entropía invisible en orden armónico.

Por su naturaleza de descriptor sonoro, sin bocinas ni amplificadores, Cordiox tiene la capacidad de abarcar sonoramente toda la superficie interna de San Lorenzo. Debido al estado de conservación del inmueble, el público no podrá recorrerlo en su totalidad pero si experimentarlo de manera auditiva.

Esta antigua iglesia tiene antecedentes sorprendentes desde el punto de vista musical. Entre otras cosas, se dice que a Antonio Vivaldi le gustaba ensayar ahí sus conciertos por su excelente acústica. En 1984, para la edición número 41 de la Bienale, este edificio fue la sede de un concierto de Luigi Nono, uno de los más importantes compositores de la vanguardia musical del siglo XX, quien presentó la ópera Prometeo.

Este concierto fue la última realización de lo que Nono concibió como el teatro de la conciencia: “Un teatro invisible donde la producción de sonido y su proyección en el espacio son fundamentales para generar la dramaturgia”. Para ese concierto, el reconocido arquitecto Renzo Piano desarrolló una compleja intervención que más tarde fue desmontada de San Lorenzo y reinstalada en las sedes a donde se presentó Prometeo.

Para Nono, la música y el sonido predominaban por encima de las imágenes y la palabra escrita, abriendo nuevas dimensiones de sentido y posibilidades de escucha. El trabajo de Guzik no podría entenderse en el arte contemporáneo sin antecedentes como los de Nono, a quien siempre ha admirado.

San Lorenzo es un reto para Guzik, ya que la acústica, la armonía y la resonancia son elementos clave de sus exploraciones. Su trabajo en este espacio da continuidad a la larga tradición de este lugar al que se le ha llamado un laúd invertido por su acústica privilegiada.